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Homilía para 7 La Pascua: Domingo, mayo 24, 2020 En el Mundo, pero no del Mundo

En el nombre del único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amen

En el 7o día la Pascual, el cual cae entre la ascensión y el día de Pentecostés, nuestro Evangelio cada día en el ciclo de 3 años es de Juan 17. En este capítulo, Jesús continúa con 4 capítulos de enseñanza para los apóstoles con esta oración de dedicación personal al Padre e interseción para sus discípulos: “Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:19).

Para nuestras reflexiones este año, nos limitaremos a un tema que creo que es relevante. Jesús reconoce que estamos “en el mundo” (vs. 11), y de verdad ora después, “yo los envío al mundo” (vs. 18). Después de decir “Ya no voy a estar más tiempo en el mundo… y yo vuelvo a ti” (17:11), y ora también que “Ellos no son del mundo, como tampoco lo soy yo” (17:16). Al poner todo esto junto, entendemos que Jesús nos ha mandado al mundo tal y como él fue mandado, para presentar a Cristo por medio de nuestras vidas y palabras. Para hacerlo, debemos ver que nuestras vidas verdaderas, que nuestro hogar verdadero, está con él, que este mundo no es nuestro hogar final.

Podemos impedir que esta oración nos beneficie de dos maneras: Ya sea por no estar “en el mundo” como él lo estuvo o por medio de vivir como si verdaderamente “fuéramos del mundo” y que dejemos que esta vida forme nuestros valores y opciones. Examinemos estos rechazos ya nos podrían afectar.

Los cristianos siempre han estado sujetos a la tentación de ignorar al mundo. En la lectura de hoy de Hechos, escuchamos a Jesús decirles a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo y que serían ‘mis testigos en Jerusalén y en toda Judea y Samaria y los confines del mundo”. Sin embargo, cuando él ascendió después de decir estas palabras, se les tuvo que decir “Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse” (Hechos 1:11). Como alguien una vez dijo sobre los cristianos, “Están tan enfocados en el cielo que no sirven en la tierra”. Por los siglos, ha habido comunidades cristianas que se han alejado del mundo. Comunidades de monasterio lo han hecho, pero con el propósito de interceder por el mundo y no de ignorarlo. Otras comunidades se han alejado del mundo para evitar la tentación y enfocarse en la santidad personal. Algunos individuos le dan la espalda al mundo simplemente siendo egoístas y viendo a los demás como competidores. Cada uno de nosotros somos tentados a juzgar a los demás y justificar ignorarlos.

Es muchas veces difícil recordar que Jesús nos ha mandado al mundo con la misma misión que él comenzó. Como leímos antes en el evangelio de Juan, “Porque tanto AMÓ Dios al mundo que dio a su hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino tenga vida eterna” (3:16; énfasis mío). ¿Consideramos a los demás con el amor de Dios? Si no, entonces nuestra habilidad para cumplir el propósito para el cual fuimos mandados al mundo está grandemente limitado. “Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto” (I John 4:20).

El otro tipo de tentación que enfrentamos a luz de este mensaje es el estar tan enfocado en el mundo, en lo que Dios ha creado que simplemente nos conformamos y hacemos de este mundo nuestro verdadero hogar. Una vez más, hay muchas maneras de sucumbir a esto. En el Antiguo Testamento, leemos la palabra profética de Dios, “!Ay de los que viven tranquilos e Sión y de los que viven confiados en el monte de Samaria!” (Amos 6:1). Si estamos relativamente contestos con nuestras vidas diarias, puede ser fácil para nosotros derivar nuestra seguridad de este mundo, hacienda las promesas de Dios distantes e irrelevantes a nuestra vida diaria. La gente secular tiende ya a ver a la esperanza de la religión de esta manera, como un escape a la realidad. Mientras no decimos eso, tal vez de manera funcional nos comportamos como si fuera verdad. ¿Cuántas de nuestras oraciones tienen que ver con este mundo? ¿Tendemos a ver el propósito de Dios de ver a esta vida terrenal mejor? ¿Sentimos que Dios no responde a nuestra oración si hemos pedido algo que tiene que ver solo con esta vida?

Podemos tomar ventaja de nuestro distanciamiento físico en casa para abordar cada una de estas tentaciones. Primeramente, podemos asegurarnos que estamos orando por toda la gente alrededor del mundo diariamente. Como lo vimos el domingo pasado, todos estamos en esta pandemia juntos, y podemos encontrar maneras para abordarla por medio de compartir lo que estamos aprendiendo. Después, nos podemos recordara nosotros mismos diariamente que nuestra verdadera vida está en Cristo, y que es el tipo de vida la cual no se nos puede ser arrebatada. Podemos tener algo o algún lugar que nos recuerde de nuestro Señor y su Reino (una fotografía, tal vez). Esto puede convertirse en el punto de enfoque para nuestras oraciones y estudio.

No tenemos que pasar por esto solos. Culminado con la colecta de este día, la cual es una buena petición por la ayuda que él nos promete ene esta dificultad:

COLLECTA:

Oh, Dios, el Rey de gloria, tú has exaltado a tu hijo Jesucristo con gran triunfo a tu Reino en el cielo: No nos dejes sin alivio, pero mándanos a tu Espíritu Santo para que nos fortalezca y exáltanos a ese lugar adonde nuestro Salvador Cristo a ido antes que nosotros; quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, en Gloria eterna.  Amen.

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